La novedad es la cosa más vieja que existe

Marina Colasanti inaugura el XI Encuentro de promotores de la lectura, dedicado a hablar de la tecnología al servicio del lector del siglo XXI

Feria

La escritora y periodista italo-brasileña Marina Colasanti, con una considerable parte de su obra dedicada al público infantil y juvenil, fue la encargada de abrir la XI edición del Encuentro de promotores de lectura de la FIL Guadalajara, que este año gira entorno al uso de la tecnología, aplicada a la transmisión y el almacenaje de la literatura. Una relación, la del conocimiento y la técnica, que en este momento está poniendo en cuestión el impredecible futuro del libro impreso. Pero no el de la literatura.

El lector del siglo XXI todavía no ha nacido, pese a que el mundo ya ha empezado a preguntarse cómo será. Colasanti quiso por ello dedicar su conferencia magistral a ese supuesto nuevo lector que va a condicionar el futuro de la literatura, y especialmente el de un mercado que teme perder a sus potenciales lectores, "secuestrados por la imagen". En defensa de la lectura, Colasanti recordó que ver una película, pongamos Peter Pan de Disney, no equivale a leer a Barrie. De hecho, ella misma confesó haber dejado de lado la versión literaria de Dr. Jekyll y Mr. Hyde por haber visto la adaptación fílmica, y al leer el libro recientemente fue "llevada una vez más a reverenciar la literatura", en especial al descubrir que "en la novela no hay ningún monstruo". Porque que asociemos a Mr. Hyde con un monstruo tipo Hulk es producto de una de muchas interpretaciones posibles.

El extenso argumento de la ponente en referencia al nuevo perfil de lector partió de la base que "la identidad del lector nunca ha sido un problema para los escritores". Saber para quién se escribe es en realidad algo fundamental para publicaciones como la revista femenina en la que trabajó durante 18 años, expertas en aplicar estudios que permiten localizar el perfil exacto de consumidor. Un método que podría estar siendo usado por algunos editores, dado que si a alguien le interesa saber a quien van dirigidos los libros es al mercado editorial; un mercado gigantesco con conglomerados que nunca antes habían sido tan poderosos, debido a la democratización e industrialización de las letras.

Pero la novedad, al fin y al cabo, es la cosa más vieja que existe, y "toda época ha tenido su lector, "que no leía de la misma forma que el anterior". Para la autora, es muy importante señalar que el lector no es una unidad uniforme, sino una multitud de individuos que no leen el mismo libro de una sola forma: "Cada cual interpreta las palabras impresas de acuerdo con su temperamento, sus conocimientos, su lugar en el mundo y su momento interior", señaló Colasanti. Sean como sean los lectores del siglo XXI, "creo que se volcarán sobre Homero" y los clásicos, y "en esos libros verán reflejados sus propios sentimientos, así sea con otros ropajes". Para ilustrar su convencimiento, la periodista y escritora explicó que, todavía hoy, cuando amigos no lectores la van a visitar a su casa se paran frente a su biblioteca "y la recorren con la mirada como si desearan leerla toda, porque saben que allí, en forma de narrativa o de poesía, está el conocimiento que los humanos tienen de sí mismos".

Antes de abrir el turno de preguntas, y para concluir, Marina Colasanti confesó no conocer fórmulas que transformen a un joven en un lector, porque no existen. "Pero sé de las ventanas que se abren en el alma de un joven cuando encuentra el libro que precisaba para entenderse mejor. Y sé de la felicidad que es llevarlo hasta ese libro".